miércoles, 7 de marzo de 2012

11. TENGO QUE DEJAR DE SER COBARDE, Y AFRONTAR LO QUE MIEDO ME DA...


Los días transcurrían con lentitud, las horas eran más largas, no tenía señales de Pablo, las sonrisas que él me sacaba se convertían en llantos, en pesadillas cada noche. Ya que teníamos vacaciones, Alba se quedó todo el tiempo conmigo, dormía en mi casa, pasábamos el día juntas y me ayudaba a luchar. Era como mi ángel de la guarda: me protegía de las pesadillas que tenía todas y cada una de las noches. Soñaba que justo cuando tenía a Pablo entre mis brazos, desaparecía, decía cosas horribles, que me odiaba, que se quería marchar de este mundo. Cada noche me despertada sobresaltada, llorando; pero ahí estaba Alba para tranquilizarme en esos momentos de dolor.
         Me sentía extraña sin Pablo, notaba que faltaba algo dentro de mí, y odiaba esa sensación, sensación de vacío. Poco a poco me daba cuenta de que lo necesitaba a mi lado, sin él no podía vivir. En esos momentos me daba cuenta de que nunca podríamos separarnos, por mucho que quisiéramos volver a empezar, eso sería imposible, porque sentía que mi corazón lo tenía él; él era el poseedor de todo mi amor, cariño, sentimientos.
         Al no poder seguir adelante con normalidad, empecé a refugiarme en Dani. Creo que nunca he hablado sobre él. Dani es un chico que conocí hace bastantes años, con el que comparto muchas aficiones como el longboarding o la fotografía. Cuando llegó a mi escuela solía estar apartado de los demás, como si no quisiera saber nada de ellos. La cosa era que, por cosa del destino o la vida, empezamos a hablar y a darnos cuenta de que nos podríamos llevar bien. Comenzamos a quedar, a hablar, a conocernos. Me llevaba muy bien con él, ya que sentía que en él podía depositar toda mi confianza, al igual que él hacía conmigo. Pero lo que sentía por él era solo amistad, y creo que los dos sentíamos lo mismo, pura amistad, sin ir más allá.
         Como iba contando, aquella temporada en la que estuve con Pablo, me olvidé de él completamente, y tenía ganas de volver a estar con él, ya que muchas veces era el único que me hacía desconectar del mundo y aterrizar en el nuestro propio que habíamos creado a base de locas historias y cuentos vividos.
         -Alba, he pensado llamar a Dani para quedar esta tarde.-le dije mientras comíamos.-Hace tiempo que no estoy con él, desde que llegó Pa…-el recuerdo de Pablo me arañaba el alma-. Bueno, eso. ¿Qué te parece?
         -Me parece genial, cielo. Te vendrá bien desconectar. Yo me quedaré en casa, tengo algunas cosas que hacer.
         ¿Qué querría hacer Alba que yo no supiera? Era un poco raro todo pero no le dí importancia. Tal y como había acordado, quedé con Dani. Pensamos en ir a dar una vuelta en longboard pero había llovido y el suelo no estaba de nuestra parte.
         Fuimos al centro de la ciudad. Quedamos a las 17.00h en un banco cercano a la playa. Llegué allí antes que él. A decir verdad estaba nerviosa pero no sabía el porqué.
         Como siempre hacía él, me sorprendió por la espalda y me dio un beso en la mejilla viniendo hacia mí por detrás. Me levanté corriendo y nos abrazamos. Aquél abrazao tenía un significado como de… Te he echado de menos… Estuvimos hablando mucho rato, le conté lo que había pasado; TODO. Era el único chico con el que podía hablar claro, no tenía vergüenza de nada.
         -Me has dejado alucinado txiki-me dijo él.
         Txiki era como me llamaba siempre, supongo que debido a la altura y a las tres cabezas que me sacaba. Me encantaba cuando montaba en longboard, con su ‘’melenita’’ rubia al viento y sus ojazos azules brillando contra el sol. Siempre estaba sonriente y siempre tenía una de esas sonrisas para mí.
         -¿Y tú qué tal estás ahora?- me dijo, algo preocupado, al ver mi cara.
         -Pues si quieres la verdad…Mal… No puedo olvidarlo y no quiero que él me olvide…-tenía unas ganas increíbles de llorar pero intenté aguantarme.
         -No te olvidará, pero, si lo hace, será un inútil por no saber apreciar la perlita pequeñita que tiene en frente. Ah, que conste que la perlita eres tú eh…No sé si me he explicado.
         Él siempre tan chistoso. Al menos consiguió sacarme una sonrisa que llevaba tiempo deseando sacar.
         -Tengo muchas ganas de verlo y abrazarlo pero ni siquiera hablo con él…No tiene tiempo para dedicarme y eso me duele porque lo quiero mucho pero temo que esto no puede continuar así…
         -Ey, tú no eres de las que se rinden fácilmente, o al menos así lo recuerdo yo. Así que tú lucha por lo que de verdad quieres, haz todo lo que puedas y tengas.
         -Ya, pero ¿y si me equivoco? ¿Y si lo doy todo pero no recibo nada a cambio?-tenía miles de dudas en mi cabeza y la tristeza y las ganas de llorar cada vez eran mayores.
         -Alguien sabio dijo que es mejor arrepentirse de lo hecho que arrepentirse de lo no hecho. Solo te digo eso…
         En cuanto soltó esa sabiduría de las suyas, una lágrima recorrió mi carita.
         -Ey, que no quiero verte llorar, pequeña. Estoy segurísimo de que te quiere mucho, porque sino voy y le canto las cuarenta. Ah bueno no, que él me cantará solamente tú y con eso me gana…
         Sé que lo dijo con la mejor intención, y, aunque ese chiste no fuera muy bueno, esbocé una sonrisa forzada mientras le miraba a los ojos.
         -Ah, ¿a ti no te gustaban David Bustamante, Manuel Carrasco y Sergio Dalma? Es que me he enterado de que hay una rueda de prensa en el salón del Kursaal. Si quieres podemos ir a ver si consigues una foto o algo y te animas un poco.-esa sonrisa suya me ayudó a dar un paso más.
         -Ay, sí, vamos porfa.
         Aunque aquellos cantantes me recordásen tanto a Pablo, quería ir e intentar conseguir alguna firma o algo para inmortalizar el momento.
         Llegamos allí. Había mucha gente, entre ellos muchos fotógrafos y periodistas. Conseguimos un pase debido a que Dani conocía a uno de los organizadores, así que podríamos verlos de cerca, entre la multitud.
         Conseguí la firma de los tres y una foto con Manuel Carrasco. Cuando ya nos íbamos a ir, pensando que había terminado, para mi sorpresa, apareció otro cantante más. Un cantante que no podía creer que estuviese ahí. La persona con la que llevaba incomunicada tanto tiempo, iba agarrado a la cintura de una chica que, por su físico, parecía una modelo. No podía creérmelo. En cuanto lo ví con ella me temí lo peor, ya que en aquél tiempo, muchos rumores habían salido en las revistas del corazón; titulares como: ‘’María, ¿Será la que ha conquistdo el corazón de Pablo Alborán?’’, ‘’¿Será María la nueva ‘’Alborana’’?’’. No sabía qué pensar. En cuanto los vio, Dani me cogió de la mano. Pablo había venido a Donostia y no me había dicho nada, sabiendo lo mal que lo estaba pasando. Seguía sin poder creerlo, cada vez se iba acercando. Lo veía sonriente, feliz, como hacía mucho que no había visto. Él no sabía que yo estaba allí, pero, estoy segura de que si lo hubiera sabido en ese mismo instante, no estaría tan sonriente.
         Pablo y aquella chica estaban muy juntos, hasta el punto en el que se agarraron de la mano. Pero ¿Qué era aquello?. Estaba empezando a creer que me había engañado con esa, y además, tenía la poca vergüenza de venir a mi ciudad a ‘’restregármelo’’.         
         El dolor aterrizó en mí en forma de lágrimas. No podía soportar aquello. Solté de la mano a Daní, me puse a empujar a todo el que pillara por delante y me dispuse a salir de aquél sitio.
         Pablo se dio cuenta de que algo pasaba, y justo cuando miré atrás para verlo por última vez, nuestras miradas se cruzaron. Se creó un puento entre su mirada y la suya. En ese puente se podían observar la preocupación por su parte, la tristeza; por mi parte odio y desprecio momentáneo. Me giré y me fui corriendo. Dani no me siguió. Sabía que lo mejor sería dejarme sola.
         Corría y corría, lloraba, gritaba, volvía a sacudir mis piernas con fuerza hasta llegar a un lugar en una esquina de la playa, entre las rocas del espigón. Llegué allí entre sollozos. No podía más, el mundo se me venía encima y las pesadillas vividas cada noche me venían a la cabeza imagen a imagen, como si se tratara de una diapositiva que había vivido. Después de un rato allí ví que una pareja bajaba a la playa. No me fijé mucho hasta que el hombre se sentó de golpe en la arena. Caí en la cuenta de que era Pablo. Eran Pablo y… esa. Lo que me faltaba, tener a Pablo a unos metros de distancia. De repente vi que él le decía algo y ella lo abrazó con fuerza y le dio un beso en la comisura de la boca. No me lo podía creer, quería morirme allí mismo. O morirme o ir y partirle la boca a aquella chica.
         De repente vi que Pablo miró hacia donde yo estaba. Creo que miró porque aquél fue el sitio en el que me tendió la mano la primera vez que nos vimos. La primera vez en la que me fijé en los destellos de sus ojos marrón azabache. En la primera vez en la que caí en la cuenta de qué era el amor a primera vista.
         Observé que Pablo le dijo algo a la chica y ésta se fue, pero él…¿A dónde iba? No, no, eso no, venía hacia mí. ¿Cómo tenía la poca vergüenza de acercarse? Decidí hacerle frente a todo lo que me dijera y ser sincera.
         -¿Qué haces aquí?-me dijo algo bajito en cuanto llegó.
         Lo tenía a un metro escaso de mí. Se veía que había llorado o que estaba muy triste. No sabía la razón y, aunque me moría de ganas de echarme encima suya, no me importaba.
         -No, la pregunta es que haces tú aquí.-se lo dije muy fríamente, pero quería que viese que no estaba para jueguecitos.
         -Tenía unos compromisos que hacer y pensaba llamarte cuan…-le interrumpí.
         -¿Cuando acabases de ligar con esa zorra?
         -Pero ¿qué dices, Olatz? ¿De dónde te has sacado eso?
         -De las revistas, lo he sacado de las revistas, de lo que dicen de ti, de tu actitud, de todo.
         -No sabes de lo que estás hablando, Olatz…
         -Sé de lo que estoy hablando. Estoy hablando de que te has olvidado de mí, me has dejado aquí con una promesa en el aire, la promesa de que esto sería para siempre-estaba llorando pero no podía evitarlo. Lloraba de rabia y de impotencia.
         -Mira, no sé por lo que has pasado tú durante este tiempo pero me hago a la idea porque yo he pasado por lo mismo aunque no me creas.
         El tiempo transcurrió entre lágrimas y frialdad. Era como si no nos conociéramos de antes. Hubo muchos reproches de parte de los dos y la sinceridad tomó cartas en el asunto. Nos despedimos de mala manera y yo me fui corriendo.
         A la mañana siguiente quedé en el banco del día anterior con Dani. Me había pasado toda la noche llorando, abrazada a Alba. Y ya que ella se quedó dormida quería pasar el tiempo con Dani, necesitaba sus abrazos.
         En cuanto llegó al sitio acordado me lancé a sus brazos, todavía llorando, sin fuerzas, y le expliqué todo lo ocurrido. La mañana transcurrió así. No era capaz de sonreír, pero él estaba ahí en todo momento y a poco que me derrumbada, me abrazaba y continuábamos hablando sobre los sentimientos que tenía dentro.
         A la tarde decidí irme a pasear a la playa. Necesitaba estar sola, airearme y pensar mirando al mar. Estaba sentada en la arena mirando al mar cuando de repente una voz conocida me habló bajito.
         -Me hablas de engaños a mí cuando tú vas abrazando al chico ese cada dos por tres.
         Era Pablo. Pero…¿¡Qué acababa de decir!?
         -¿Perdona?-iba a llorar, otra vez…-. Mira, no sabes NADA. No sabes lo mal que lo he pasado todo este tiempo.
         -¿Y lo que he pasado yo? Me prohibieron mantener relación contigo. Decían que me iba a desviar de mi carrera musical y que no sería capaz de compaginar la música y el amor. Me he pasado muchas horas delante de tu fotografía, soñando con el momento en el que pudiera sentirte cerca, el momento en el que oír tu voz pronunciando mi nombre-ví que sus ojos se llenaban de lágrimas-, tus ojos mirando a los míos. He soñado con el momento en el que poder decirte todo lo que siento por ti, sin olvidarme de nada, porque sí, porque te quiero y en este tiemp me he dado cuenta de todo lo que significas para mí. He conseguido hacer un hueco para poder venir a este evento y tener la oportunidad de verte, ¿y ahora me vienes con temas de que te he engañado? No sabes nada, Olatz, y esta vez no llevas la razón.
         Me dolió todo lo que me había dicho, pero tal vez porque sabía que era verdad y sentía que había sido culpable de su sufrimiento. Pero necesitaba decirle todo lo que había pasado yo, así que, me armé de valor y, aún con lágrimas en los ojos y en las mejillas, empecé a hablar, suavemente, sin gritar.
         -Pablo, desde el día en el que te fuiste todo ha sido negro. No tenía nada positivo en lo que pensar. Pasaba el día sin nada que hacer, solo pensando en ti, con ganas de que llegara la noche y pudiera soñar contigo. Pero en vez de eso tenía pesadillas horribles. Todas las noches he estado desvelada con pesadillas que nunca pensé que sería posible sentir. Ha habido muchos momentos en los que me he querido rendir porque no podía más, no sin ti. Cada día veía revistas diferentes o entrevistas en las que te veía con esa chica. Me moría por dentro, cada fotografía y cada comentario tuyo me mataba poco a poco. He sentido que te he querido como no he querido a nadie. He tenido miedo de no volver a verte y esa simple idea me seguía matando más y más porque, más que en una persona, te has convertido en un sentimiento que ocupa mi corazón. Cada mañana me levantaba pensando que todo había sido una pesadilla, que estarías ahí, a mi lado, mirándome con esa sonrisa que me hace feliz, dándome los buenos días y alegrándome el resto de mis días. Pero en vez de eso, me despertaba y veía a Alba, a mi lado en todo momento, preocupada por mí porque no era capaz de nada. Y junto a Alba, ahí ha estado Dani; el chico con el que supuestamente te engaño. Él ha sido el que me ha ayudado a darme cuenta de que el amor no lo es todo, pero que si lo tienes cerca, todo es más fácil. Cuando te tenía al lado todo era de luz y de color, pero, cuando te vas siento que los colores desvanecen hasta quedar todo en blanco y negro, como un infierno decolorado. Muchas veces he pensado que te has olvidado de mí o que hice algo mal. Y muchas veces me ha venido ese último recuerdo tuyo, en el que nos encontrábamos en un aeropuerto lleno de gente, pero en el que estábamos solos tú y yo y aquella promesa de ‘’Ezerk ez gaitu bananduko’’ de por medio. Pensé que se iba a cumplir. Sé que tú todavía no sabes el significado de esa frase, y a lo mejor es por eso por lo que no puedes cumplir tu parte del trato.
         Terminé de hablar, llorando aún más. Pero Pablo no se quedaba atrás. Lo notaba mal, muy mal, pero necesitaba soltarle todo aquello que le había dicho. Al igual que la primera vez, sentía que tenía que elegir entre todo o nada, sentí que tenía que dejar de ser cobarde y afrontar lo que más miedo me daba, perderlo. Me acerqué a él y posé mis labios sobre los suyos. Lo necesitaba.
         Yo no podía dejar de llorar en el momento en el que ví la tristeza y el dolor reflejados en sus ojos. Nos encontrábamos a simples centímetros de distancia y no podía dejar de ver caer lágrimas de sus ojos cristalizados por completo. Tuvo la valentía de abrazarme, de cogerme entre sus brazos, de protegerme entre ellos, de darme su calor que tanto echaba en falta, de volver a sentirnos. No dejaba de llorar, pero ahora, en parte, lloraba de felicidad.
         De repente ví que Pablo había empezado a entender aquella frase, había empezado a cumplir su parte del trato, nada nos iba a separar.

jueves, 1 de marzo de 2012

10. NADA NOS PODRÁ SEPARAR JAMÁS...


Cada vez el éxtasis era mayor. Nunca antes había sentido aquello, aquella pasión, esas ganas locas de sentir el rozamiento de nuestra piel. Aquella noche de primavera, en ese momento, solo existíamos nosotros, rodeados de aquél universo que viviría el momento más especial de mi vida, el momento en el que dos cuerpos se unirían.
         Sin pensármelo dos veces metí la mano por dentro de su camiseta. Sentí que un escalofrío recorrió aquél cuerpo que ahora poseía entre mis manos. Pablo se separó unos centímetros, lo mínimo para verme los ojos, mientras respiraba extasiado, estremecido, excitado.
         -¿Segura?- aquél susurro salió de su boca sugerente.
         Me mordí el labio, excitada, al sentir su cuerpo contra el mío. No fueron necesarias las palabras para que Pablo tomará aquello como un sí.
         Entre beso y beso hizo el amago de quitarme la camiseta, pero aprovechó el momento en el que me dejé llevar para que pudiera quitármela mejor para cogerme de la cintura y ponerme tumbada en el sofá, de modo que ahora él estaba encima, acariciando mi cuerpo, con su delicadeza, su sensibilidad, su tacto. Le quité la camiseta y suspiré cuando volví a ver su torso. Esos abdominales, esos pectorales, aquellos brazos con el que me agarraba. Poco a poco, pasionalmente, entre beso y respiración a mil, nos fuimos desnudando mutuamente hasta que, por fin, pasó. Nuestros cuerpos nos unieron. Al principio el dolor pero después el placer aterrizaron sobre mí por primera vez.
         Él estaba constantemente observándome, observando cada movimiento que hacía, acariciándome suavemente, besándome en el cuello, reclamándome más y más besos.
         Las respiraciones cada vez eran más fuertes, se sincronizaron, hasta que llegó el momento en el que las estrellas brillaron más que ningún otro momento, nuestras pieles se erizaron, nuestra respiración cesó por unos segundos, el momento de más éxtasis llegó, y con él, el punto en el que no puedes sentir más placer.
         Al cabo de unos minutos nos miramos, viendo en los ojos del otro el momento que acabábamos de vivir por primera vez juntos.
         La luna tenía más luz que nunca, mi corazón latía más sincero que nunca.
         -Ezerk ez gaitu bananduko…¿No querías aprender euskera? Ahí tienes…-le dije yo, mientras le miraba a los ojos.
         -Te amo con locura. No sé lo que significa pero seguro que es precioso. ¿Te…ha dolido?-me preguntó él, algo tímido por aquél tema, pero preocupándose por mí.
         -No, tranquilo, estoy bien. Me has tratado con mucha delicadeza. Siempre había soñado con algo así, pero ya, siendo contigo, soy la mujer más feliz del mundo.
         Sonrió, y me abrazó. Nos quedamos abrazados durante bastantes minutos, mientras él me daba besos en la cabeza de vez en cuando, y mientras yo hacía que se estremeciera cada vez que le besaba en el cuello, disfrutando de aquél olor a caramelo que lo caracterizaba.
         A la mañana siguiente, Pablo tenía que irse a coger los billetes para el avión para el día siguiente, pero yo no quería ir, no podría soportar ver cómo compraba los billetes para separarse, alejarse, de mí. Quería que empezara el día con una sonrisa, porque sabía que el día siguiente iba a ser duro, por lo que cojí un trozo de papel y escribí: ‘’Ezerk ez gaitu bananduko…’’. Él todavía no sabía el significado de aquello pero supondría que le haría ilusión al recordar la noche anterior. Cojí la nota, la doblé y la metí en su cartera, de modo que,  cuando fuera a sacar el dinero, la leería.
         Estaba deseosa por que llegara a casa para ver su reacción ante el hecho que quería que ocurriera.
         Alba se levantó de la cama, con cara de dormida y enseguida me preguntó qué pasó la noche anterior. Me encantaba las caras que iba poniendo cada vez que le contaba algo nuevo, era de película.
         -Pero mañana se va…-cuando dije eso bajé la cabeza.
         -Ey, tranquila, pronto os veréis, ya lo verás, y sino, hablaréis por teléfono o lo que sea. No te preocupes que no se va a olvidar de ti.
         -¿Interrumpo algo?- Pablo había vuelto y estaba asomando la cabeza por la puerta de la cocina donde estábamos de tertulia-. No, Olatz, no me voy a olvidar de ti, eso ténlo clarísimo.
         -Bueno parejita, yo os dejo solos que no quiero parecer la sujetavelas aquí. Voy a ducharme, dentro de un rato vuelvo.
         Alba tan detallista como siempre. Pablo le cortó el paso:
         -Tss, tú de sujetavelas nada, tú mejor amiga de los dos y punto- le guiñó el ojo y dejó a Alba un tanto descolocada.
         -Estoy asustada, Pablo…-le dije yo, con la voz temblorosa, una vez estuvimos solos.
         -No tienes razones por los que estarlo… Siempre te llevaré conmigo. ¿Recuerdas aquella promesa que me hiciste, que siempre irías de mi mano? Tienes que cumplirla.
         Acto seguido me abrazó. Él no lo dijo, pero yo sabía que él también estaba asustado por lo que pudiera pasar. Al día siguiente nos tendríamos que despedir sin saber cuándo nos volveríamos a ver.
         La tarde pasó entre sonrisas y sentimientos, muchos sentimientos que salieron a la luz. Sentimientos como confianza, amor, dulzura, cariño, miedo, aprecio, sensibilidad, tristeza, melancolía, etc.
         Llegó la noche y ninguno de los dos queríamos dormir, porque sabíamos que, después de aquellas horas de sueño, llegaría el momento de las despedidas, y no soportaríamos eso…
         Abrazados nos quedamos dormidos, él se durmió primero y, cuando se adentró en sus sueños, yo conseguí adentrarme en sus pensamientos… Ví su infancia feliz, su adolescencia envuelta en música y más música, amores y desamores, anécdotas, pero, sobre todo, lo que me impactó fue aquél sentimiento: encontré un sentimiento con mi nombre grabado…Junto a aquél sentimiento me quedé dormida, hasta despertarme a la mañana siguiente.
         La hora del desayuno fue muy callada, lo único que se escuchaban eran los comentarios de Alba, intentando romper el hielo.
         Llegó la hora de ir al aeropuerto. Yo no quería pero Pablo me pidió que fuese. Me temblaba todo. Me puse a llorar como una tonta. Él no lo pudo soportar, dejó las maletas en el suelo y me abrazó fuerte. Diciéndome que no pasaba nada, que la distancia nos haría más fuertes, reforzaría nuestro amor y lo haría invencible.
         -Te quiero mucho, no me quiero separar de ti…-le dije yo entre sollozos.
         Pablo se apartó un poco, con una lágrima en el rabillo de su ojo, me cojió de la cara y me dijo:
         -Eres lo mejor que me ha pasado en la vida, y, si pudiera, te prometo que me quedaría aquí, contigo…Tengo que irme, pero te prometo que en breve nos veremos. Sea como sea pero nos veremos. Simplemente porque tú has hecho que vea el amor desde otro punto de vista.
         Aquél último abrazo antes de que embarcara fue inolvidable…Era un cúmulo de sentimientos en el que reinaban la añoranza y la tristeza.
         Justo cuando me miró por última vez, cuando me dí la vuelta y abracé a Alba por la impotencia que sentía, vino una frase a mi cabeza.
         -¡PABLO! –Lo dije casi gritando, para que me pudiera oír.
Él enseguida se giró.
         -EZERK EZ GAITU BANANDUKO!
         A metros de distancia entre nosotros dos, con la mirada de cada uno de los miembros que se encontraban alrededor clavadas en nosotros, una lágrima recorrió por nuestras mejillas al recordar aquella frase.

lunes, 27 de febrero de 2012

SOLAMENTE VOSOTR@S...

Lectores, lectoras...
Hago este corte en la novela porque quería deciros unas palabras...
Al igual que todos nosotros hemos sido unos de los muchos protagonistas del sueño de él, Pablo Alborán, vosotros estáis siendo partícipes de uno de mis sueños. Un sueño que llevaba tiempo queriendo cumplir pero que nunca pensé que sería posible.
Cuando empecé a publicar la novela apenas tenía 2 ó 3 lectores, pero, día a día, y con vuestra ayuda, cada vez somos más. Hay gente de España, Argentina, Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Ucrania, Rusia, y otros muchísimos sitios lejos de aquí.
Sé lo que supone esperar el siguiente capítulo, o quedarse hasta tarde esperándolo, porque una de las personas que hace todo eso en cada subida es @albaorre . Ella fue la primera en leer la novela, el primer capítulo, y darme su opinión. Ahora, se ha convertido en tradición esas trasnochadas que hacemos las dos, yo escribiendo y ella esperando a leerlo.
No puedo terminar sin mencionar a @FansAlboran_ , ya que, muchos de vosotros habéis empezado a engancharos a mi novela gracias a ellas. Todas son unas chicas increíbles, pero sobre todo hay una, una con capacidad de expresión por encima de lo habitual. Y quiero que, si no lo seguís, sigáis este blog: http://historiadepabloyunafan.blogspot.com/ Ella fue una de las que empezó con estas fan-fic que se están convirtiendo en tan comúnes en estos tiempos.
También hay gente como @AuroraAlboran @alboraneras @Isalboran_loca @cechu82 @lachicadel_94 @MeeriiAlboran @LauriiAl @LuciaGato98 @Martta_RMFC @Mariia_1511 @Criistequiero @Yannisoe @Laurarm_ , que piden siguiente capítulo siempre, gente que me emociona con cada comentario, cada sentimiento, cada opinión.
A todos los que aparecéis aquí y a todos los que estáis al otro lado de la pantalla, leyendo lo que yo siento y expreso de esta forma, no queda más que decir que... GRACIAS! Muchas gracias, y aún así eso se queda corto...
Os quiero, a cada uno de vosotros, y que tengáis en cuenta que aquí estaré para todos, por si alguien lo necesita...
             @OlatzAlboran

sábado, 25 de febrero de 2012

9. TU LUZ ME GUIARÁ Y ME ILUMINARÁ


Aquella noche decidimos que sí Alba y sí Pablo se quedarían a dormir en mi casa porque había muchas cosas de las que hablar y tenía ganas de que aquellas dos personas que se habían convertido tan importantes para mí se conocieran más y se llevaran bien porque de ahí en adelante pasaríamos mucho tiempo juntos. Aunque cada vez quedaba menos tiempo para que Pablo volviera a su vida. Yo no quería pensar en eso porque con tan solo imaginarme que me tendría que adaptar a una vida sin él, se me hacía un nudo en la garganta.
         Pero sabía que tenía que disfrutar al máximo del tiempo que nos quedaba, simplemente porque no sabía si podría verlo antes del concierto de Donostia y lo echaría mucho de menos.
         Se me ocurrió que podíamos hacer un plan de los nuestros: paseo, cena y película en el sofá. De esos planes en los que lo mejor es la compañía.
         Se lo propuse a ellos y coincidieron en que, al ser un poco tarde, sería mejor pasar directamente a la cena y película. No sabíamos qué película elegir así que optamos por alguna que no hubieramos visto ninguno de los tres. Decidimos ver ‘’Siempre a tu lado, Hachiko’’. Cenamos una ensalada y un poco de pollo. Tampoco teníamos mucha hambre, sobre todo Pablo y yo, ya que aquél día habíamos vivido muchas emociones.
         Hicimos unas palomitas y nos pusimos a ver la película. Estábamos los tres en el sofá: Pablo sentado, yo tumbada con la cabeza apoyada en sus piernas y Alba con la cabeza en las mías. Yo le cojía una mano a Pablo mientras él acariciaba mi pelo y Alba estaba agarrada a mi pierna.
         -Hacemos una cosa. La que primero se duerma le paga la cena a los otros dos. ¿Trato hecho?-dijo Pablo, en cuanto comenzaron los créditos iniciales de la película.
         -Un momento-yo me puse a pensar-. Has dicho que LA que primero se duerma. ¿Crees que tú no te vas a dormir o qué?
         -¿Yo?-lo dijo en tono vacilón-. Nunca me he dormido viendo una película, pero vosotras en cambio…Tenéis carita de sueño.
         -Ay, Pablete, cómo nos conoces.
         La forma en que Alba dijo eso nos hizo gracia a los dos. Sentía que Pablo, aun estando gracioso, estaba algo serio, como si tuviera una cierta melancolía dentro. Lo notaba porque suspiraba mucho o me acariciaba la cabeza de una manera diferente, como si fuera una caricia de despedida. Para asegurarme de que no fuera así, levanté la cabeza y le miré a los ojos. Estaba claro, su sonrisa mal dibujada lo delataba. Le susurré: ‘’Luego tenemos que hablar’’. Él asintió.
         La película transcurrió entre lloros por parte de Alba y yo, a la vez que miradas entre Pablo y yo. Había veces en las que notaba su mirada, y cuando yo lo miraba, él apartaba la suya. No estaba segura el porqué de aquello pero no me gustaba y necesitaba saber por qué pasaba eso.
         La película terminó y decidimos quedarnos viendo un capítulo repetido de ‘’Cuéntame’’ un rato, ya que a Pablo le gustaba mucho y a nosotras no nos importaba. Era más que evidente que Alba ya había notado que entre Pablo y yo había algo, ya que estábamos muy callados.
         -Olatz, ¿puedes venir un momentito a la terraza, please? –me dijo Alba, al rato de que dijera que iba a salir un momento, para tomar un poco de aire.
         -¿Te importa?-le pregunté a Pablo.
         -Ve, tranquila. Querrá hablar contigo, yo me quedo viendo esto.
         Le sonreí y le dí un beso tierno en la mejilla.
         -¿Qué pasa?-le pregunté a Alba, mientras me sentaba a su lado en el sofá de la terraza.
         -A mí nada, ¿y a Pablo y a ti?
         -A mí nada pero a él…Lo has notado, ¿verdad?
         -Está como preocupado, triste…
         -Ya lo sé-me estaba empezando a preocupar-. Me da la sensación de que está melancólico…
         -¿Por qué no hablas con él? Yo me iré a dormir y os dejaré tranquilos.
         Era increíble la buena voluntad que tenía Alba en cada momento. Siempre se preocupaba por los demás.
         -Tranquila, antes de irnos a la cama hablaré con él.
         El rato ese viendo la televisión transcurrió con pocos comentarios y muchos pensamientos. ¿Habría hecho algo mal? ¿En qué estaría pensando Pablo para estar así de distante?
         Alba me hizo un gesto añadiendo:
         -Bueno, parejita. Os dejo, que estoy super cansada y me voy a dormir.
         -Descansa guapa-le dijo Pablo-. Mañana nos vemos.
         Me hizo un gesto de: ‘’Habla con él’’, y se fue.
         Pablo y yo estábamos abrazados viendo la televisión, y yo quería hablar con él pero no sabía cómo sacar el tema. Había una tensión terrible; odiaba esa sensación.
         -Voy a tomar un poco de aire.
         Salí a la terraza, a causa de la buena temperatura; cojí mi guitarra, me senté en el sofá que había allí y me puse a tocar.
         Al rato de estar tocando ví que Pablo estaba apoyado en el marco de la puerta que llevaba a la terraza, con la vista perdida en el horizonte, escuchando lo que yo tocaba.
         -¿Qué ocurre? ¿He hecho algo mal? Llevas toda la noche mal…-me temía lo peor.
         Pablo enseguida se giró hacia mí.
         -¿Por qué dices eso? No has hecho nada mal…
         -Pablo, no nací ayer y sé de sobra que a ti te pasa algo.
         Suspiró. Se acercó a mí y se sentó a mi lado, con la mirada en el suelo.
         -Pasado mañana me voy. Tengo que empezar con la gira de invierno. Pero no puedo separarme de ti.
         El mundo se me cayó encima. El momento que no quería que llegara pero que tenía que llegar, llegó.
         -Pablo…Tienes que seguir haciendo feliz con tu música a la gente. A mí también me duele y claro que me gustaría que te quedaras conmigo pero debes irte, tu gente te espera en otras partes del mundo y tú y yo nos veremos pronto, te lo prometo.
         Quería que Pablo me viese fuerte pero me derrumbé. Una lágrima me cayó por la mejilla y él lo vio.
         -Vale, sí, yo también me he acostumbrado a vivir a tu lado, a sentir tu calor en mi cuello, a ser tu sombra, convivir contigo, sentir tus abrazos, estremecerme con cada uno de tus besos, pero Pablo, sabes mejor que yo que debes irte, por mucho que nos duela.
         Ví que a él también le cayó una lágrima. Le cojí de la mano. Tuve un impulso y me lancé a sus brazos. Necesitaba sentirme segura una vez más en el calor de sus brazos. Tenía mi cara en su cuello de modo que olía su colonía. Ese olor me hacía saber que estaba a mi lado, cerca, su cuerpo rozando el mío.
         -Olatz, ahora que has entrado en mi vida no te voy a dejar que te escapes nunca-estaba triste y yo lo notaba más que nunca.
         -Aunque quisieras, no conseguirías separarte de mí.
         Pablo se separó de mí, me miró a la cara y me dijo:
         -Mañana pasaremos todo el día juntos a modo de despedida.
         -No me gustan las despedidas…Me parten el corazón.
         -Tómalo a modo de un hasta luego.
         -Pues toma mi luz y úsala de guía, hasta que ese ‘’hasta luego’’ se acabe-no sé por qué dije eso pero dejé asombrado a Pablo.
         -Tu recuerdo será lo que me haga seguir en mi día a día.
         Se tumbó en el sofá y yo me puse pegada a él, por no decir encima. Hacía buena temperatura y se estaba muy bien, pero me gustaba sentir el calor de su cuerpo. Esa calidez que lo caracteriza. Era algo que necesitaba sentir para estar a gusto. Nos besamos. Pero aquellos besos no fueron como las otras veces. Fueron besos muy apasionados, como si nos dejásemos la vida en ello. Quería que el mundo se parase, que todo girase en torno a nosotros. Nuestros corazones cada vez latían más deprisa, la respiración era más rápida. Los dos sabíamos que aquella noche iba a ser la primera de muchas noches locas, apasionadas. Aquello no iba a terminar en un simple beso. Aquella sería la noche en la que tocaríamos todas y cada una de las estrellas del cielo. Él y yo, yo y él, nosotros. 

domingo, 19 de febrero de 2012

8. DICIÉNDONOS BAJITO QUE LO NUESTRO SIEMPRE SERÁ ETERNO...


         Pablo me llevó a casa y Alba estaba allí, esperándonos, feliz por una pequeña parte por conocer a Pablo y muy preocupada por mí. Ya que no era capaz de andar, Pablo me llevaba en brazos. Sentía sus pectorales en mi cara, muy cerca, sus latidos del corazón, su respiración, cada suspiro, cada movimiento. Cada dos por tres me miraba para asegurarse de que estuviera bien y me daba un beso en la frente. Hasta entonces no había conocido bien su faceta protectora, pero me encantaba. Me trataba con aquella ternura que solo él sabe transmitir; me trataba como si fuera una muñequita que está a punto de romperse, a la que hay que tratar con cuidado. Cuando estaba con él, me hacía sentir una princesa.
         Por el camino me venían imágenes de lo ocurrido aquella horrible noche y mi cuerpo volvía a temblar, olvidando la compañía. Pero en esos momentos Pablo me abrazaba con más fuerza aún, repitiéndome que él siempre estaría ahí y que de ahí en adelante no iba a pasarme nada malo. Él iba a ser mi protector, mi guía y protector.
         Hubo un momento en el que me dí cuenta, a pesar de cómo estaba, de lo mucho que había hecho Pablo por mí en aquella noche. Me salvó de las garras del dolor y ahora me ayudaba a huir de ellas, dejándolas atrás, y llevándome con él a un mundo en el que sólo existirían momentos de felicidad, amor y dulzura. En el momento en el que reflexioné en apenas unos segundos y me dí cuenta de aquello, me esforcé para que palabras de agradecimiento saliesen de mi boca y llegasen al corazón de aquél hombre…
         -Gracias por lo que has hecho-en cuanto dije eso, Pablo reaccionó.
         -Ey, no me tienes que agradecer nada.
         -Sí, tengo que hacerlo. Gracias a ti ahora estoy aquí. Muchas veces me he querido levantar antes pero no he podido hasta escuchar tu voz. Ahora sé que estás a mi lado, y gracias a ello cada día me levantaré para que recibas el amor que desprendo Pablo. Te quiero…
         Aquél te quiero fue tímido pero sincero. Quizás uno de los más sinceros que haya pronunciado jamás. Él no dijo nada, creo que se emocionó, pero yo no corté su silencio.
         -Todos los días me he preguntado cuándo encontraría una persona que me entendiese, a la que le pudiera contar todo lo que me está pasando y con la que compartir mis alegrías y mis penas. A veces, en días negros, pensaba que eso nunca llegaría, que lo más cerca que estaría de esa experiencia sería tener a alguien con la que convivir, nada más. Pero has llegado tú, me has conquistado y ahora mismo desearía que la persona con la que comparta todo eso seas tú, porque sí, porque me he dado cuenta de que eres especial y desde el primer momento en el que te ví lo supe. Sé que ahora es un mal momento, pero quieras o no, yo estaré a tu lado para salir adelante. Saldremos de esto los dos juntos, como una pareja, como un solo corazón que late por dos. Olatz, eres lo más importante que me ha pasado en mucho tiempo, y te cuidaré como si fueras la última mujer en el mundo.
         Todo eso lo dijo despacito, tranquilo, pero cada palabra que deletreaba, lo notaba más emocionado que la anterior. Lo notaba sincero y eso me gustaba. En aquél calor corporal que desprendía me quedé dormida hasta despertarme en mi cama.
         -Como pille al cerdo que le ha hecho lo va a pagar…
         -Pablo, te tienes que tranquilizar porque ahora Olatz tiene que verte tranquilo, no te puede ver alterado o nervioso.
         -La quieres mucho, ¿verdad?
         -Puf…Es como mi hermana pequeña…Llevamos tantos años juntas…Hemos pasado por muchos momentos juntas, miles de historias, aventuras, experiencias. Ella siempre ha estado a mi lado en los momentos más difíciles, aún estando ella peor que yo…
         -Se ve que os lleváis muy bien. Se pasa el día hablando de ti.
         -Es que es una persona increíble. Es como que te quiere ayudar, estás tú primero que ella y eso es admirable…Me acuerdo cuando murió Lucas. No sé si te habrá hablado de él…
         -Me dijo que una persona especial para ella se fue, nada más.
         -Lucas era un chico alemán que conoció Olatz y con el que lo compartía todo. Ellos no lo querían reconocer pero yo sé que había amor entre los dos. La cosa es que él vivía en Canarias y no se podían ver mucho pero hablaban todos los días y la distancia no impedía que se quisieran tanto. El problema es que él empezó a notar algo raro y para cuando se lo diagnosticaron, el cáncer óptico que tenía estaba muy extendido. Al principio Olatz intentaba estar con él, protegerlo pero no podía, eso le superaba debido a que ha conocido muchos casos de personas con cáncer a su alrededor que han terminado mal. A Lucas le dieron poco tiempo de vida y ella no lo aceptaba. Decía que eso no era posible, que era demasiado joven para que esto se terminara así. El 11 de septiembre se fue. Olatz estuvo mucho tiempo sin hablar, ni comer, ni dormir. Se pasaba el día encerrada en su habitación y lo único que hacía era pensar y llorar. Yo me pasé todos esos días con ella porque sentía que no podía dejarla sola, no entonces. Cuando se recuperó un poco empezó a refugiarse en tu música y poco a poco eso le ha servido de ayuda porque se dio cuenta de que así no podía seguir y que, por mucho que le doliera, tenía que seguir adelante sin él, empezar de cero. Viajó a Alemania, visitó su tumba y ahí comenzó una nueva vida en la que Lucas ocupaba su corazón…Hasta hoy…
         -Pues sí que lo pasó mal… Pero menos mal que tú estuviste a su lado porque, aunque no te conozca mucho, me da la sensación de que os parecéis mucho las dos…Sois las dos tan luchadoras, ayudáis al prójimo… Y no sabes lo mucho que me emociona que, inconscientemente, haya podido ayudar a personas como Olatz…
         -Por una simple casualidad te conoció y ahora no se puede separar de ti. Y sécate esas lágrimas anda, ¡que me vas a hacer llorar a mí también!
         -¿Te puedo abrazar? Tómalo como agradecimiento por cuidar de Olatz y por ser así. Te quiere mucho, lo sé y ahora yo me encargaré de que las dos seais felices, porque os lo merecéis.
         -Un abrazo de Pablo Alborán no se recibe todos los días… Ah, y que sepas que el 31 de Marzo había otra cosa que íbamos a hacer juntas…Cumplir nuestro sueño de conocerte.
         -Pues mira, por circunstancias no muy agradables pero nos hemos conocido…
         Escuché toda aquella conversación que habían tenido, estando un poco dormida aún. Me dolía todo el cuerpo y no me acordaba de nada de lo que había ocurrido. Tosí y los dos me miraron.
         -Buenas tardes princesa mía-me dijo Pablo mientras venía hacia mí, ya que, para hablar con Alba, se alejaron un poco.
         Me dio un beso en la frente pero yo le reclamé uno en los labios, lo necesitaba, y sabía que él también.
         -Cari, ¿cómo te encuentras?-me preguntó Alba con una sonrisa tan bonita como ella.
         -Me duele todo el cuerpo y creo que estoy sangrando de una herida del brazo…-en cuanto dije eso Pablo apartó un poco la sábana y vio que, efectivamente, estaba sangrando.
         Se dispuso a salir de la puerta  pero antes, le dijo a Alba:
         -¿Qué te parece si empiezas a preparar la cena mientras yo le curo las heridas? En cuanto termine te ayudo. Quiero estar a solas con ella, si no te importa-esto último se lo dijo más bajito para que yo no lo oyese, pero lo oí.
         -Claro, tómate el tiempo que necesites, ya me encargo yo.-Ví que Alba le respondió sonriente y la ví feliz por haber conocido a Pablo. La verdad es que yo también lo estaba.
         Pablo cogió lo necesario, cerró la puerta de mi habitación, se quitó la camiseta debido al calor que hacía ahí dentro y se sentó a mi lado.
         Nunca antes lo había visto con el torso desnudo. Era un monumento por ver, pero intenté disimular el calor que yo comencé a sentir.
         Pablo me miró a los ojos y me dijo algo inseguro:
         -¿Quieres hablar de lo que ocurrió aquella noche? Estoy listo para escucharte y puede que te ayude el desahogarte…
         -Está bien-yo no estaba muy segura-. No hay mucho que contar pero bueno. Después de estar contigo y de despedirme en el hotel, me fui hacia la plaza para coger el autobus allí. Antes de que entrara, un chico de estatura media se acercó a mí, con tono tranquilo, y me preguntó dónde estaba la calle Loiola-cada vez me sentía más agobiada, él lo notó y me cogió de la mano, soltando todo lo que tenía- y yo se lo dije. Pero él me tiró fuerte del brazo y me llevó a un jardin oscuro que hay allí. Me tiró bruscamente al suelo y me dijo que me iba a divertir y se puso encima de mí. No sé ni cómo ni de dónde pero saqué fuerzas y conseguí apartarlo de mí y salir corriendo. En todo ese momento no te escapabas de mi mente y con el simple hecho de no volver a verte…
         -Amor, fuiste muy muy valiente haciendo eso.
         -Ya lo sé pero no me puedo quitar la horrible imagen de la cabeza. Cada vez que cierro los ojos para dormir me veo a mí en el suelo y a él pegándome golpes… -comencé a llorar.
         -Ey, tranquila, ya ha pasado todo y ahora estás conmigo y no te va a pasar nada.
Pablo se acercó a mí, yo me incorporé un poco y él me abrazó, de modo que yo quedaba apoyada en su hombro.
         -Te amo.
Las palabras me salieron sin querer. Pablo se quedó estupefacto. Me cogió de la cara y me levantó la cabeza para verme los ojos. Acto seguido me sonrió. Su sonrisa me hacía sentirme más segura de mí misma, me ayudaba a coger carrerilla y avanzar en el camino.
         Los días pasaban y yo cada vez estaba más animada gracias a aquellas dos personas tan importantes, Alba y Pablo. Pablo y yo cada vez estábamos más enamorados y un poco apenados porque pronto él se tendría que marchar para comenzar con la Gira de Invierno.
         Aquél lunes me levanté llena de alegría. No sé el por qué pero tenía ganas de escribir, de dibujar, de todo. Quería darle una sorpresa a Pablo así que le llamé a Alba para que viniese y así poder ayudarme a prepararla. Mientras venía se me ocurrió escribirle una carta a Pablo. Estaba inspirada y la prosa se me daba mejor que lo oral. Al haber estado tanto tiempo sin escribir, las palabras me salían solas y enseguida tuve la carta perfecta para el chico perfecto. La guardé en mi bolsillo y enseguida llegó Alba. Trajo todo lo que le pedí: fresas, zumo, bombones, frambuesas… Me quería llevar a Pablo a un sitio bonito e íntimo para estar tranquílamente y disfrutar de su compañía, a modo de despedida. Ya tenía pensado el sitio perfecto, ahora sólo me faltaba ir allí para preparar todo y esperar a su llegada. Fuimos Alba y yo y lo preparamos todo: una manta en el suelo, las frutas en unas fuentes tapadas y los zumos en unas jarras. Quería que aquella tarde fuese especial y sólo faltaba el anfitrión.
         -¿Quién soy?-le dije cuando le llamé por teléfono.
         -Una persona a la que noto feliz, ¿no es así?-me dijo él.
         -Acertaste, cómo me conoces. Te propongo un plan.
         -Dime, reina.
         -Tú, yo, montaña, merienda. ¿Qué me dices?
         -¡Que me apunto!-lo notaba animado.
         -Quedamos en mi casa dentro de media hora. No hace falta que te diga que te pongas guapo. Besazo. Hasta ahora.
         -Adiós cielo, enseguida estoy allí.
         Sabía que iba a ser especial y estaba nerviosa. Me vestí y le dije a Alba que me planchara el pelo. Me pinté un poco los ojos y me eché colonia. Ya estaba lista.
         Enseguida llegó él, tan puntual y tan guapo como siempre. Hoy iba con una camisa de cuadros azul, mayormente y unos pantalones negros. Iba guapísimo, como cada día.        
         -Bueno y dime, ¿a dónde me llevas esta vez?-me dijo mientras íbamos en el coche.
         -Es sorpresa, sólo te puedo decir que sé que te gustará.
         -Pues no adelantamos mucho…
         Enseguida llegamos al parking. Desde ahí teníamos que cruzar todo el bosque hasta llegar al sitio mágico, aquél sitio en el que pasaríamos aquella tarde soleada de Febrero.
         -Bueno, pues ya estamos. ¿Te gusta?
         -Wow…Estoy sin palabras, esto es alucinante. Siempre aciertas.
         -Me alegro de que te guste. Siéntate, tengo que darte algo.
         -¿Ya está Olatz con su intriga?-siempre tan bromista, me encantaba.
         -No, esta vez te lo voy a poner fácil. Toma, léelo, me voy al lado del lago a pensar un poquillo y te dejo tranquilo.
         -¿Otra carta? Cada día me sorprendes más.
         -De eso se trata cielo-le dije y le guiñé el ojo mientras me levantaba y me iba.
         Lo dejé leyendo…

“        Hola Pablete.
Sé que te preguntarás por qué te escribo cartas en vez de decirte las cosas a la cara. Pues es muy fácil: si las escribo, podrás guardar mis palabras para siempre porque su significado durará una eternidad.
La verdad es que no sé por dónde empezar. Hemos vivido poco tiempo juntos, pero el que hemos vivido, me ha bastado para saber que quiero pasar mis días contigo, disfrutando de tu sonrisa, de tu risa, de tu humor y amor. Cuando estoy contigo es como si sólo existiera el lado bueno del mundo, el lado con luz. Haces que todo parezca fácil porque, a cada acción que haces, le sumas una sonrisa, o le sumas un beso con sabor a caramelo que me vuelve loca. En cambio, cuando estoy sin ti, es como si el lado oscuro del mundo se sumergiera dentro de mí y no me dejara ser feliz.
Sé que ahora vamos a pasar una temporada separados; pero esto nos servirá para darnos cuenta de cuánta falta nos hacemos mutuamente y nos ayudará a reforzar nuestra relación.
Ya sé que a lo largo de estos días lo has pasado mal, con todo lo que ha pasado etc. Pero quiero que de ahora en adelante todo sea nuestro, y por nada del mundo te voy a dejar escapar. Bueno, ahora te dejo escapar para que hagas feliz con tu música a otra gente, porque sé que lo necesita. Lo sé porque para mí es una necesidad, una rutina diaria que necesito hacer para poder aguantar en este día a día. Pero ahora la cosa ha cambiado. Ahora no te tengo dentro de mis cascos. Te tengo dentro de mi alma, de mi corazón, dentro de mi cabeza, cada momento, cada minuto, y no te vas a borrar de ahí jamás.
En todo momento estaré contigo, pase lo que pase, porque sí, eres la razón de mi felicidad y quiero ser feliz junto a ti. Solos tú y yo, yo y tú, nosotros.
Hicimos un juramento de sal y limón que se cumplirá.
Gracias por hacerme sentir amor verdadero.
                                               Olatz                                                “

         Terminó de leer la carta y, sin decirme nada, se acercó por detrás, me rodeó con sus brazos de modo que su cabeza quedaba en mi hombro, al lado de la mía. Lo miré y ví esa lágrima de emoción iluminada por el sol del atardecer.
         -No te pregunto si te ha gustado. Los sentimientos te delatan.
         -Los sentimientos no me delatan, tú me delatas, Olatz. Tú y tu amor hacéis que yo siga creciendo y mi amor sea solo tuyo. Por mucho que no quiera deberíamos irnos a casa, Alba estará preocupada.
-Pablo, no te preocupes de Alba, está avisada. Vamos a quedarnos aquí, contándonos secretos y diciéndonos bajito que lo nuestro siempre se hará eterno.
         Cuando terminé de decir eso, me dio la vuelta y me besó. Un beso que parece que no va a terminar nunca. Un beso apasionado, desenfrenado, de los que te llenan de pasión y amor. Amor carnal.
         Allí nos quedamos, contándonos secretos. Secretos del amor que sentíamos.
         

jueves, 16 de febrero de 2012

7. ENSEÑA TUS HERIDAS Y ASÍ LAS CURARÁS


            Cuando nos dispusimos a salir de la playa e irnos cada uno a su respectivo hospicio, Pablo se ofreció para acompañarme hasta casa, pero yo sabía que estaba cansado, por lo que le insistí para que se fuera directo hasta su hotel.
            -Que descanses. Mañana hablamos y te sigo enseñando la ciudad, ¿de acuerdo?-le dije, sonriente.
            -Claro-me dijo, mientras me acariciaba la mano-. Olatz, gracias por este día que me has ofrecido…Ahora mismo te estás convirtiendo poco a poco en uno de los pilares que sostiene mi vida, y eso es muy valioso. Gracias, de corazón.
            -No me las tienes que dar. Es más, gracias a ti por aparecer en mi vida por la puerta de atrás, o por la de delante, qué más da, lo que importa es que ahora estamos así y no quiero que esto se acabe nunca.
            Dicho aquello nos abrazamos, me besó y yo me dispuse a coger el autobus para volver a casa.
            Estaba feliz, al fin y al cabo el día había sido maravilloso. Pero lo peor estaba por llegar. Un chico joven, de estatura media, me preguntó por dónde se iba a la Calle Loiola.
            -Está un poco lejos de aquí, tendrá que coger el autobus.
            Lo hice con mi mejor intención pero hice mal. De repente, me cogió bruscamente del brazo y me llevó a un jardín donde no había nadie debido a que era madrugada. Allí me tiró al suelo e intentó hacerme dios sabe qué después de darme numerables golpes en la cara y cuerpo. No sé ni cómo ni por qué pero conseguí sacar fuerzas de donde no las tenía, con el recuerdo de Pablo presente, y conseguí apartar a aquél cerdo de encima de mi cuerpo y salir corriendo. Tuve la suerte de que había un autobus a punto de salir. Sin dudarlo me monté en él y le dije al conductor que arrancara, llorando.
            -Pero, ¿Qué te ha pasado? ¿Quieres que te lleve a un hospital? ¿Llamo a la policía?-aquél conductor no hacía más que preguntarme.
            -No, estoy bien. ¿Puede llevarme a la calle Eskalantegi de Pasajes Antxo, por favor?
            -Claro, chiquilla. ¿Estás segura de que estás bien?
Yo asentí la cabeza. En todo el viaje el conductor no hacía más que mirarme. Se veía que era majo, la verdad es que lo conocía de vista, de haberlo visto más de una vez por la ciudad. No paraba de llorar y tiritar.
            Por fín llegamos. Le dí las gracias como pude y me bajé corriendo hasta llegar a mi casa. Estaba sola así que cerré pestillos y cerraduras y le llamé enseguida a Alba para decirle que viniera a pasar la noche conmigo.
            -Pero, ¿Qué pasa? No me asustes-la notaba preocupada.
            -Por favor, ven, que no puedo más-yo no paraba de llorar. Normal que estuviera preocupada.
            Veinte minutos después de haber hablado con ella ya estaba aquí. Tocó la puerta como acordamos y en cuanto entró y me vio así se lanzó a mis brazos después de haber cerrado la puerta.
            -Pero qué te han hecho por dios…
            -Estaba oscuro y un chico se acercó a preguntarme algo, yo le respondí pero el me cogió y no…
            -Venga, tranquila, ya estoy aquí, ¿sí?-ella me abrazó sin dejarme terminar.
            En aquél momento como en muchos otros era mi salvadora. No podía seguir adelante sin ella. Me curó las heridas, estuvo abrazada a mí mucho rato, el rato que me pasé llorando y luego me dormí. Ella no sabe ni a día de hoy todo lo que la quería y lo que la sigo queriendo.
            Al día siguiente amaneció y los rayos de sol entraron por mi ventana; pero, al contrario que otros días, mis ganas de levantarme y ganar la batalla contra la vida no vinieron. Hoy no podía seguir adelante. Estaba asustada. La simple idea de salir a la calle me atemorizaba. Estaba temblando. Me ví las heridas y los moratones de los brazos y las gotas de agua salada comenzaron a caer por mi cara. En ese momento Alba entró en mi habitación.
            -Ey, ¿qué pasa? Venga no llores.-se acercó a mí y me abrazó, transmitiéndome esa energía que sólo ella tenía.
            -Tengo miedo…
            -Lo sé, cariño, pero no puedes dejar que un malnacido te arruine la vida. ¿Quieres que le llame a Pablo y quedamos con él? Te ayudará verle.
            -¡No! No quiero que Pablo me vea así y menos que sepa todo lo que ha ocurrido. Alba, ni se te ocurra llamarle, ¿está claro?
            -Vale, tranquila, no lo haré.
            En parte me daba vergüenza que Pablo me viera así, no sé por qué, pero era lo que de verdad sentía. Aquellas magulladuras en mi cuerpo, que se habían convertido en seña de identidad de una chica sufridora, eran un símbolo de debilidad para mí y cada vez que los veía, se me quitaban las ganas de que una persona tan especial como él las viera también.
            Los días pasaban y yo los pasaba encerrada en mi casa, sin compañía, con la vista perdida en el horizonte que se veía desde el horizonte de la ventana de mi habitación. Pablo me llamaba, me mandaba mensajes por el movil, por twitter, por facebook… Yo no era capaz de responderle. Lo sé, era una cobarde, siempre lo fui, pero no era capaz, no tenía la valentía de hacerlo.
            Alba venía dos o tres veces al día a hacerme la cura de las heridas, puesto que yo no quería ir al médico o que una enfermera viniera a mi casa. El mejor momento del día era cuando venía Alba y me transmitía esa energía, SU energía, la que la hace tan poderosa; porque sí, ella es poderosa; poderosa y valerosa. Todos los días me decía lo mismo: “¿Por qué no sales a dar una vuelta? “ o “¿Por qué no llamas a Pablo? Estará preocupado, sino mira todos los mensajes que te deja por todas partes…”. Pero no, yo siempre que no. Hasta que un día, sin decirle nada a nadie decidí salir a correr bajo la lluvia. Necesitaba deshacer ese nudo que tenía en el estómago que me impedía salir adelante.
            Pensé en Pablo, en todo lo que había hecho por mí, en todo lo que se había convertido para mí y en esos rayos de sol matutinos que me dedicaba, un rayo acompañado de una sonrisa dibujada en mi mente. Me puse las zapatillas, me tapé las heridas y salí a correr. No tenía fuerzas pero yo quería seguir, no me quería rendir como siempre. Necesitaba demostrarle al mundo que podía. Si pude esperar a Pablo, ¿Cómo no podría luchar contra el mundo?
            Llovía, cada vez más, y yo cada vez tenía menos fuerzas; pero seguía. Sentía las gotas en mi cabeza, el cansancio en mis piernas, pero continuaba, por él, por el hombre al que amaba. Sabía que con aquello no ganaba nada pero lo hacía.
            Mientras yo estaba en esa lucha, Alba no sabía dónde estaba. Habia ido como cada día a visitarme pero yo había salido sin decirle nada. Consiguió el teléfono de Pablo, ya que me había dejado la BlackBerry en casa y allí lo vio. Sin dudarlo dos veces lo llamó.
            -Emm. Hola Pablo, soy Alba, la amiga de Olatz. No sé si te acordarás pero hablamos una vez por teléfono…-ella estaba nerviosa pero él lo estaba más.
            -Sí, claro que me acuerdo. Por dios, dime cómo está Olatz. ¿Está bien? ¿Por qué no me coge el télefono? ¿Le ha ocurrido algo?
            -Te llamaba como último recurso, pensaba que tú sabrías algo…Hace unos días ocurrió algo con lo que Olatz se derrumbó. No quería salir de casa y menos hablar contigo. Yo hacía todo lo posible pero no conseguía nada. Hoy, como cada día he venido a ver cómo estaba pero no está en casa y no ha dejado ninguna nota ni nada. ¿Sabes algún sitio donde pueda estar?
            -Pero, ¡¿Qué ha ocurrido?! Creo que ya sé dónde puede estar. Voy para allá. En cuanto sepa algo te llamo, ¿de acuerdo?
            -Vale, por favor. Si necesitas algo, llámame, sin dudarlo.
            Los dos estaban preocupados por mí y mientras tanto yo seguía corriendo, bajo la lluvia, dejándome la fuerza en ello.
            Pablo se fue corriendo bajo la lluvia a aquella playa que se había vuelto tan especial para nosotros. En unos pocos días me conocía mejor que nadie; conocía lo que sentía y conocía lo que pensaba.
            Entre la neblina que se había creado por la mezcla de mis lágrimas con la lluvia, ví su silueta. La silueta de Pablo. Venía corriendo hacia mí, esquivando todo tipo de obstáculos. Yo lo veía a cámara lenta. Me desvanecía. Me estaba quedando sin fuerzas. Pero entonces llegó él, abrió su paraguas mientras se quitaba su abrigo negro, me abrazó y me puso el abrigo por encima.
            -Perdón. No podía…-no tenía fuerzas ni de hablar. Pero entre llantos quería decirle a Pablo lo ocurrido.
            -Pero cariño. ¿Quién te ha hecho esto?- noté que Pablo estaba temblando de la rabia, al ver lo que me había pasado.
            -Un chico se me acercó y no sé lo que pasó…Me tiró al suelo…-no podía seguir, él lo entendió.
            -Ey, tranquila, ¿vale? Ya ha pasado todo, ahora estoy aquí contigo, todo ha pasado, te dije que te iba a proteger y lo haré. Siempre que me necesites estaré aquí.
            Me abrazó como nunca antes lo había hecho. Seguía sintiendo su calidez como el primer día la sentí.
            -De aquí en adelante enséñame tus heridas del corazón, y yo las curaré con mi amor. Te quiero y has pasado de no ser nada a serlo todo.
            Yo no paraba de temblar, pero Pablo me consolaba; entre sus brazos me sentía más segura que nunca. Sentía que el mundo no me ganaría ahí. Nunca nos íban a separar.